CUBILETE 2026: El rostro joven de México
- Sébastien Bangandu
- 8 feb
- 3 Min. de lectura

El sábado 31 de enero miles de jóvenes se dieron cita en el cerro del cubilete, este encuentro constata aquellas palabras que decía el Papa Francisco en su visita a México en 2016: “Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven”.
Como Fraternidad Asuncionista nos unimos a este multitudinario encuentro que reúne a jóvenes de las diferentes diócesis del país para compartir la vida, la fe y el camino; Andrea y Diego nos comparten su experiencia:

Este fue mi primer año asistiendo a la Marcha Nacional Juvenil al Cerro del Cubilete, la cual, este año conmemoró 100 años del estallido de la guerra Cristera.
Comenzamos poco antes de las 7am, aproximadamente 4 kilómetros atrás de donde teníamos previsto comenzar, pero eso solo significaba algo: somos más de los que se esperaban. Aún estaba obscuro y el Cristo Rey de la Montaña se veía como algo muy lejano.
Pero desde que comenzamos nuestro peregrinar sentía la energía del camino: oraciones, consignas, porras, canciones y algunos hasta bailando iban. Eso hizo corto el camino. Las pancartas con mensajes también eran palabras que nos alentaban.

Ir acompañada, tanto de las personas de mi grupo como el resto de los peregrinos, hizo esta experiencia algo invaluable. Algunos apenas nos conocíamos, pero al subir el cerro juntos se creó cercanía. Todos teníamos el mismo objetivo: llegar a la cima.Comenzamos juntos, pero cada quien a su ritmo. Conforme avanzamos comenzamos a separarnos, algunos tenían un paso más rápido, otros más lento; algunos hicieron paradas, otros no nos queríamos detener.
En algún momento nos perdiamos del grupo, pero, al ir en un mismo camino, nos volvíamos a encontrar. Cada que nos veíamos era alegría; alegría por estar cada vez más cerca de Cristo, por platicar, cantar, hacer bromas, compartir.
El último tramo fue quizá lo más pesado. Las pendientes se hicieron más pronunciadas y aunque parecía que estabamos cerca, las curvas que prolongaban el camino. Incluso algunas personas ya iban bajando y no podía evitar preguntarme, ¿cuánto falta? ya era casi medio día.

Unas cuantas curvas después, me sentía más cerca, comenzamos a entrar a un embudo con otros cientos de personas. Los pasos eran lentos, pues ya estabamos todos cuerpo a cuerpo. Sabía que ya estabamos a nada de llegar, era cuestión de esperar y avanzar un paso a la vez.
Finalmente, estaba frente a Él. En lo alto, con los brazos abiertos, nos recibía a cada uno de los que ibamos llegando. Como en la vida, ese momento que parecía lejano, llegó. El cansancio, el esfuerzo, cada gota de sudor, valió la pena.
Bajé con el corazón lleno y contagiada de la juventud que sigue gritando ¡VIVA CRISTO REY!
Por Zyanya Andrea Gamboa Mendoza

El cerro del cubilete es una experiencia muy bonita, durante la noche del viernes y madrugada del sábado en el valle San Juan Pablo II hay un concierto con diferentes bandas de música animando a toda la gente que va llegando al lugar de inicio de la caminata. La convivencia en ese lugar es muy agradable ya que hay un buen ambiente, la alegría de más jóvenes que me hace sentir acompañado.
A las 6 de la mañana tenemos un momento de adoración, para estar en silencio y pedir por mis familiares y amigos, a las 7 de la mañana inicia la caminata hacia Cristo rey quien nos espera con los brazos abiertos, en el transcurso del camino hay mucha convivencia entre diferentes grupos de personas y congregaciones, entre todos nos motivamos para llegar a la meta, la caminata es pesada, pero con Cristo rey a nuestro lado podemos llegar a la cima.

Llegando a la cima todas las personas se forman para ingresar al santuario, ahí dentro está la corona de Cristo y a su vez se celebra la Eucaristía con los jóvenes que van llegando al santuario.
Después de llegar a la cima, por la tarde realizamos una visita al centro de Guanajuato, un momento oportuno para hacer fraternidad y conocer la cultura de Guanajuato.
Fue una experiencia de fe, de fraternidad y de alegría, invito a todos los jóvenes a conocer la vida religiosa asuncionista, a participar en estos encuentros y en la próxima misión de semana santa.
Por Diego Cruz Flores





















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