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Como Asuncionistas, somos conscientes del papel que nos toca, ante la violencia que inició hace muchas décadas en el país. La ambición de unos cuantos, motivó el cultivo, el consumo y el trasiego de drogas, para el mercado más grande del mundo, que está en USA.

Esto desembocó en que, algunos lugares donde vivían impunemente los criminales, disfrutaban de vidas normales, hasta con status en la sociedad y con el apoyo de una gran base en las comunidades, en complicidad con las autoridades.

 Tal fue el caso de José Noriel Portillo Gil, apodado el Chueco, quien asesinó a los sacerdotes Jesuitas en Cerocahui, Chihuahua: Javier Campos Morales y Joaquín Cesar Mora Salazar, junto con el guía turístico de la comunidad, Pedro Palma el 20 de junio del 2022.

Tras estos hechos, tanto los Jesuitas como algunos obispos, impulsaron un movimiento que trata de unir a todos los actores públicos, en la búsqueda de la paz. Uno de los obispos más activos, es Ramón Castro Castro, actual obispo de Cuernavaca, quien ha realizado los diálogos por la paz, así como las Marchas por la paz, en su diócesis, pero motivando a todos los obispos a que las hagan en sus diócesis.

El pasado 16 de mayo, como Asuncionistas, participamos en la doceava Marcha por la Paz en la que hubo más de 15 mil personas. Fue una caminata donde al mismo tiempo se notaba la alegría de los jóvenes, así como la tristeza de quienes caminaban como un signo de que no se acostumbraban a la violencia, de que no se resignaban a seguir llorando a sus desaparecidos, de que no querían abandonar a los jóvenes a su suerte.

Esta caminata no era en contra de nadie, sino a favor de las víctimas de la violencia, dijo el Obispo en su discurso. Esta caminata no es política,  sino un acto profundamente humano, ciudadano y espiritual.

El afirmó que: Delante de este dolor, la Iglesia no puede permanecer indiferente y refugiada en la comodidad de sus templos.  El Dios en que creemos no es un Dios ajeno al sufrimiento, el Dios en que creemos es el Dios de la zarza ardiente, que nos dice: he visto el sufrimiento de mi pueblo y he bajado a liberarlo.

El Obispo afirmó con contundencia: poner a las víctimas en el centro no es estrategia, no es estética, no es un discurso emotivo, es reconocer que aquí Dios nos está hablando, cuestionando e interpelando como sociedad, aquí en el rostro de quien llora a un hijo, de quien vive bajo la extorsión o perdió la esperanza, está Cristo clamando nuevamente desde la cruz.

La iglesia no exagera ni polariza, sino que el Evangelio nos obliga a mirar a los crucificados de la historia. Jesucristo nunca paso de largo frente al dolor humano, tocó al leproso, lloró ante la tumba de  Lázaro, escuchó el grito de los ciegos, defendió la dignidad de los que eran despreciados. Así nosotros no podemos ser indiferentes, detrás de cada víctima hay una historia, hay un hijo de Dios. Hablar con la verdad también es un acto de justicia, mentir o maquillar por razones políticas, es revíctimizar a quienes sufren la violencia.

Así mismo, monseñor Castro continuó diciendo: Han bajado los homicidios dolosos, y lo celebramos, pero aún falta mucho por hacer. Sigue el reclutamiento de adolescentes y jóvenes, por medio de las redes, y la deserción escolar. Esos jóvenes que abandonan la escuela son los más vulnerables a la influencia del crimen organizado.

En un reconocimiento sincero de la responsabilidad de todos, dijo: También nosotros necesitamos convertirnos. Debemos mirar nuestras omisiones, por eso debemos pedir perdón y reconocer nuestras faltas, si alguna vez no supimos escuchar el clamor de las víctimas, si respondimos con silencio cuando hacía falta cercanía, si reducimos el sufrimiento humano a un problema secundario y nos refugiamos únicamente en lo ritual y en lo administrativo.

Una iglesia que no sabe escuchar el llanto de su pueblo, corre el riesgo de hablar mucho de Dios, sin que su corazón se parezca al corazón de Dios. León XIV

Finalmente, para que la Caminata no solo quedara en canticos, aplausos, fotos y sentimentalismos sin efecto, recordó la propuesta de los diálogos por la paz: Poner a las víctimas en el centro. Asumir nuestra corresponsabilidad, la violencia no es solo culpa del gobierno ni solo del crimen, ni solo de la pobreza, todos tenemos que ver y todos tenemos algo que hacer.

Comprometernos con procesos concretos y a largo plazo, la violencia no se construyó en un sexenio, ni se va a corregir en uno solo. Las caminatas por la paz son un proceso de largo plazo para no ceder ante la injusticia, no guardar silencio ante el mal y cultivar una esperanza organizada y perseverante.

Como Asuncionistas, nos unimos a estas iniciativas de búsqueda de la paz, de escuchar, consolar y acompañar a las víctimas de la violencia, puesto que nuestro carisma nos impulsa a estar alli, donde el ser humano es amenazado en su dignidad de hijo de Dios.

                                                                                  Por P. Marciano López Solís, a.a.

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“Gracias por abrazarnos” fueron las palabras de una Madre buscadora, estas palabras son un recordatorio a la comunidad parroquial, de que tenemos que recuperar la capacidad de abrazarnos, de estar presentes, acompañarnos en nuestra vulnerabilidad que forma parte de nuestra vida y nuestra historia. Abrazar la alteridad del otro es ver que mi realidad no es la única y que hay tantos hombres y mujeres luchando por la justicia y la verdad.

La tarde del sábado 25 de abril de 2026 estuvieron entre nosotros, Jaqueline, Daniela, Carolina e Ines, madres del Colectivo “Una Luz en el Camino”. Cada una de ellas compartió su testimonio de búsqueda y de amor hacia sus seres queridos. “La vida cambia cuando hay ausencia de alguien que amas”, un amor que permanece y las sostiene para continuar buscando y no parar ¡hasta encontrarles! El testimonio de cada una nos exhorta a ver más allá de las cifras, ya que cada desaparición tiene un rostro, un nombre, una historia.

Para Ines, el Colectivo es una familia, ya que ha recibido el acompañamiento de otras madres, sabe y siente que no está sola, sino que cuenta con la cercanía de alguien más, hay un sentido comunitario en el que se vive el cuidado.

Las desapariciones en México van en aumento aun cuando la narrativa del Estado busca ocultar la gravedad de esta situación, surge así esta negligencia: “Desaparecer a los desaparecidos”, esta es la ineficacia de las fiscalías. “El Estado no asume”. Son ellas las que tienen que aprender a realizar lo que les compete a las autoridades. Han aprendido cuestiones legales y forenses, así como maneras de saber si en tales lugares hay posibles fosas.

Jaqueline habló de la importancia de visibilizar esta realidad, ya que el Estado busca ocultar porque “detrás de las desapariciones, existen otros crímenes”. Esto es lamentable, es así como “se va heredando un sistema político”. Ellas piden a las autoridades o instituciones no criminalizar a las víctimas y respetar el proceso que viven ellas, porque es difícil cerrar duelos, son “duelos suspendidos” porque no se tiene la certeza de una muerte.

Carolina nos compartió que debido a las jornadas de búsqueda que inician desde muy temprano, no siempre es posible tener un trabajo estable. Algunas madres suelen perder su empleo, entre ellas crean actividades que las ayuden a generar ingresos y lo obtenido se utiliza para comprar lo necesario para las búsquedas.

Daniela mencionó que poco a poco se han ido involucrando Iglesias en este acompañamiento, suele ser difícil porque no todas las Iglesias las han recibido. Han llegado a algunos lugares para pedir una oración por su familiar desaparecido, pero se encuentran con sacerdotes poco empáticos y con cuestionamientos que no son nada solidarios.

 

Una de las propuestas del Colectivo ha sido instalar un “Buzon de Paz” en parroquias o comunidades. En un decanato por la zona de Tlalpan hubo buena respuesta. La finalidad de este Buzón es que las personas puedan depositar mensajes que animen a las familias, así como mensajes que les ayuden a ellas a dar con posibles lugares de búsqueda. Gracias a esos mensajes han encontrado fosas, pero también es una propuesta que ayuda a prevenir.

Quienes acompañaron a las madres en esta mesa de Diálogo fueron: Mariana Álvarez Icaza, Directora de la Catedra de Teología Feminista-IBERO, ella nos introdujo a este momento, diciendo que es necesario descalzarse ante la tierra sagrada del otro, la historia del otro es sagrada. Reconoció la sororidad que viven los colectivos de búsqueda y la capacidad de acompañarse en la doloridad.

Estuvo también Abel Rodríguez de Eje de Iglesias y Espiritualidades, un espacio interreligioso que acompaña a familias buscadoras. Él nos invitó a considerar esta primera parte de Gaudium et Spes 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”. Nos exhortó que es necesario una fe comprometida; ante las crisis sociales “No podemos creer de la misma manera…las respuestas tradicionales nos quedan cortas”.

Las Madres del colectivo agradecieron este espacio de escucha y nos invitaron a acompañarlas en una marcha por sus seres queridos, el domingo 10 de mayo a las 10:00 am en el monumento a la Madre. Que nuestra presencia acompañe y abrace, y que cada acto de búsqueda, cada gesto de solidaridad y de empatía sean una fuerte voz contra la indiferencia que se apodera de un país, una voz de denuncia contra un sistema que siembra miedo y muerte apoderándose de miles y miles de vidas, que la voz no sea silenciada, ni la memoria desaparezca.

“Tendríamos que dormir a la orilla del mar,

Soñar con ellos

Que las olas toquen

El cartón que se siente en la piel

Saber que ahí vienen

Que en algún lugar deben de estar

Con los bolsillos rotos

Cosiendo sus camisas

Con los cordones gastados de sus zapatos…”

                                                       Oscar Molina                                                            

 

                                                                              Por José Alberto Mejía Peña

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