¡Caminar para no perder la esperanza de que otro México es posible!
- Sébastien Bangandu
- hace 5 días
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Como Asuncionistas, somos conscientes del papel que nos toca, ante la violencia que inició hace muchas décadas en el país. La ambición de unos cuantos, motivó el cultivo, el consumo y el trasiego de drogas, para el mercado más grande del mundo, que está en USA.

Esto desembocó en que, algunos lugares donde vivían impunemente los criminales, disfrutaban de vidas normales, hasta con status en la sociedad y con el apoyo de una gran base en las comunidades, en complicidad con las autoridades.
Tal fue el caso de José Noriel Portillo Gil, apodado el Chueco, quien asesinó a los sacerdotes Jesuitas en Cerocahui, Chihuahua: Javier Campos Morales y Joaquín Cesar Mora Salazar, junto con el guía turístico de la comunidad, Pedro Palma el 20 de junio del 2022.

Tras estos hechos, tanto los Jesuitas como algunos obispos, impulsaron un movimiento que trata de unir a todos los actores públicos, en la búsqueda de la paz. Uno de los obispos más activos, es Ramón Castro Castro, actual obispo de Cuernavaca, quien ha realizado los diálogos por la paz, así como las Marchas por la paz, en su diócesis, pero motivando a todos los obispos a que las hagan en sus diócesis.

El pasado 16 de mayo, como Asuncionistas, participamos en la doceava Marcha por la Paz en la que hubo más de 15 mil personas. Fue una caminata donde al mismo tiempo se notaba la alegría de los jóvenes, así como la tristeza de quienes caminaban como un signo de que no se acostumbraban a la violencia, de que no se resignaban a seguir llorando a sus desaparecidos, de que no querían abandonar a los jóvenes a su suerte.

Esta caminata no era en contra de nadie, sino a favor de las víctimas de la violencia, dijo el Obispo en su discurso. Esta caminata no es política, sino un acto profundamente humano, ciudadano y espiritual.
El afirmó que: Delante de este dolor, la Iglesia no puede permanecer indiferente y refugiada en la comodidad de sus templos. El Dios en que creemos no es un Dios ajeno al sufrimiento, el Dios en que creemos es el Dios de la zarza ardiente, que nos dice: he visto el sufrimiento de mi pueblo y he bajado a liberarlo.

El Obispo afirmó con contundencia: poner a las víctimas en el centro no es estrategia, no es estética, no es un discurso emotivo, es reconocer que aquí Dios nos está hablando, cuestionando e interpelando como sociedad, aquí en el rostro de quien llora a un hijo, de quien vive bajo la extorsión o perdió la esperanza, está Cristo clamando nuevamente desde la cruz.

La iglesia no exagera ni polariza, sino que el Evangelio nos obliga a mirar a los crucificados de la historia. Jesucristo nunca paso de largo frente al dolor humano, tocó al leproso, lloró ante la tumba de Lázaro, escuchó el grito de los ciegos, defendió la dignidad de los que eran despreciados. Así nosotros no podemos ser indiferentes, detrás de cada víctima hay una historia, hay un hijo de Dios. Hablar con la verdad también es un acto de justicia, mentir o maquillar por razones políticas, es revíctimizar a quienes sufren la violencia.

Así mismo, monseñor Castro continuó diciendo: Han bajado los homicidios dolosos, y lo celebramos, pero aún falta mucho por hacer. Sigue el reclutamiento de adolescentes y jóvenes, por medio de las redes, y la deserción escolar. Esos jóvenes que abandonan la escuela son los más vulnerables a la influencia del crimen organizado.

En un reconocimiento sincero de la responsabilidad de todos, dijo: También nosotros necesitamos convertirnos. Debemos mirar nuestras omisiones, por eso debemos pedir perdón y reconocer nuestras faltas, si alguna vez no supimos escuchar el clamor de las víctimas, si respondimos con silencio cuando hacía falta cercanía, si reducimos el sufrimiento humano a un problema secundario y nos refugiamos únicamente en lo ritual y en lo administrativo.

Una iglesia que no sabe escuchar el llanto de su pueblo, corre el riesgo de hablar mucho de Dios, sin que su corazón se parezca al corazón de Dios. León XIV
Finalmente, para que la Caminata no solo quedara en canticos, aplausos, fotos y sentimentalismos sin efecto, recordó la propuesta de los diálogos por la paz: Poner a las víctimas en el centro. Asumir nuestra corresponsabilidad, la violencia no es solo culpa del gobierno ni solo del crimen, ni solo de la pobreza, todos tenemos que ver y todos tenemos algo que hacer.

Comprometernos con procesos concretos y a largo plazo, la violencia no se construyó en un sexenio, ni se va a corregir en uno solo. Las caminatas por la paz son un proceso de largo plazo para no ceder ante la injusticia, no guardar silencio ante el mal y cultivar una esperanza organizada y perseverante.
Como Asuncionistas, nos unimos a estas iniciativas de búsqueda de la paz, de escuchar, consolar y acompañar a las víctimas de la violencia, puesto que nuestro carisma nos impulsa a estar alli, donde el ser humano es amenazado en su dignidad de hijo de Dios.
Por P. Marciano López Solís, a.a.













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