¡Pentecostés, un acontecimiento transformador!
- Sébastien Bangandu
- hace 2 horas
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La preparación para nuestra Vigilia de Pentecostés 2026 comenzó algunas semanas después de haber concluido la Semana Santa. Fue un tiempo de reflexión, de volver a encontrarnos como grupo y de preguntarnos cuál sería el siguiente paso para seguir sirviendo a Dios y a los jóvenes de nuestras comunidades.

Personalmente, aunque me encontraba un poco apartado de las actividades de FRAS, sentí nuevamente el llamado de involucrarme, de aportar y de trabajar junto a mis hermanos para que este proyecto pudiera realizarse de la mejor manera posible. Con el paso de los días comenzaron las reuniones, las ideas y también las preocupaciones.
Uno de los primeros retos fue encontrar una nueva sede para nuestra vigilia, ya que después de tres años de servicio y trabajo en la Parroquia de la Santa Cruz, en Chavaxtla, esa etapa había llegado a su fin. Sin embargo, lejos de verlo como un cierre triste, decidimos tomarlo como una nueva oportunidad para abrir caminos y seguir sembrando el carisma asuncionista en otros lugares.

Después de analizar varias opciones junto con el resto del equipo de FRAS, llegamos a la conclusión de que la mejor sede para realizar nuestra vigilia sería la Parroquia de Santiago Apóstol, en Tlilapan. Esta decisión también estuvo motivada porque los padres, hermanos y hermanas religiosas ya tienen presencia ahí desde hace algunos años, lo que nos hacía sentir cercanos y en confianza para trabajar en comunidad.

La idea de volver a colaborar en nuestra parroquia y en nuestras comunidades nos llenó de alegría y entusiasmo. Me atrevo incluso a llamarla “nuestra parroquia”, porque al final todos formamos parte de una sola familia que trabaja por el Reino de Dios. Más allá de los lugares, las diferencias o las responsabilidades, nos une la misma fe y el mismo deseo de servir. Y aunque durante el proceso enfrentamos algunos obstáculos, dudas y momentos difíciles, nunca dejamos de confiar en que Dios abriría el camino para que todo pudiera salir adelante.

Desde el momento en que Tlilapan fue elegida como sede, comenzaron los preparativos de manera más intensa. Poco a poco fuimos definiendo cuál sería la temática de la vigilia, qué dinámicas se realizarían y qué mensaje queríamos transmitir a cada joven que asistiera. Sabíamos que no se trataba solamente de organizar un evento, sino de preparar un verdadero encuentro con Dios, especialmente en una fecha tan importante para nuestra Iglesia Católica como lo es Pentecostés.
Pentecostés representa la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles, un acontecimiento que transformó sus vidas y les dio la fuerza para salir a anunciar el Evangelio sin miedo. Esa misma experiencia queríamos compartir con los jóvenes: hacerles sentir que el Espíritu Santo sigue actuando hoy, sigue llamando, sigue transformando corazones y sigue levantando jóvenes dispuestos a servir.

Cada una de las actividades fue pensada con mucho cariño y dedicación. Desde las dinámicas, los cantos y las alabanzas, hasta los momentos de oración y reflexión, todo tenía el propósito de compartir nuestro carisma como Fraternidad Asuncionista y transmitir las enseñanzas del Venerable Padre Emmanuel d’Alzon.
A través de las misiones de Semana Santa, las misiones de verano y otras actividades pastorales que realizamos, buscamos dar testimonio del amor y servicio que sentimos hacia la Santa Iglesia y hacia el pueblo de Dios. Sabemos que después de la pandemia muchas actividades pastorales se vieron afectadas y que la participación de los jóvenes disminuyó considerablemente en muchos lugares.

En ocasiones parecía difícil volver a reunir a los grupos como antes, pero jamás perdimos la esperanza. Siempre he dicho una frase que me acompaña constantemente: “Dios aprieta, pero no ahorca”. Y precisamente esta vigilia fue una muestra clara de que, cuando las cosas se hacen con fe, amor y perseverancia, Dios multiplica los esfuerzos.
Gracias al trabajo en equipo y al compromiso de cada uno de los jóvenes organizadores, Yesenia, Luz, Ximena, Bertha, Hna. Eli, Hna. Katy, Mauricio, Axel y un servidor— logramos sacar adelante esta hermosa experiencia. Cada quien aportó algo importante: tiempo, ideas, servicio, cansancio, alegría y sobre todo mucha disposición.

Nada habría sido posible sin el esfuerzo de todos. Con enorme alegría vimos llegar a más de 60 jóvenes que participaron activamente en la vigilia. Ver el templo lleno, escuchar las alabanzas, compartir la oración y observar la convivencia entre los asistentes fue algo verdaderamente emocionante. Fue un momento que nos recordó que los jóvenes siguen teniendo sed de Dios y que solo necesitan espacios donde puedan sentirse escuchado, acompañados y amados.
Algo que también nos llenó de felicidad fue recibir jóvenes no solo de Tlilapan, sino también de otros lugares como Tequila, Chavaxtla, Fortín y Cuichapa. Esto nos hizo comprender que donde pisa un asuncionista siempre queda una semilla sembrada. Tal vez muchas veces no vemos inmediatamente los frutos de nuestro trabajo, pero Dios se encarga de hacer crecer cada semilla en el momento adecuado.

Queremos agradecer especialmente al coro de los jóvenes de San Nicolás, mi querido pueblo, quienes con mucho entusiasmo nos acompañaron en las alabanzas y los cantos durante toda la vigilia. Desde el inicio mostraron una gran disposición para servir y compartir su talento. Gracias a ellos, el ambiente de oración y alegría se vivió de manera muy especial. Como bien dice la frase: “Quien canta, ora dos veces”.
Otro momento muy significativo fue poder compartir junto a las Hermanas Oblatas de la Asunción el 161 aniversario del gran legado que el Padre d’Alzon dejó a la Iglesia. Fue una bendición contar con la presencia de las hermanas Arleth y Elizabeth, así como de la aspirante Katalina, quienes nos acompañaron y apoyaron durante las actividades realizadas en Jalapilla, Orizaba, Veracruz. Para todos los jóvenes de FRAS, la presencia de las Hermanas Oblatas ha sido siempre muy especial y apreciada.

Su cercanía, testimonio y alegría nos inspiran a seguir adelante y a fortalecer nuestra fe. La familia de la Asunción tiene algo muy hermoso: nos hace sentir unidos, acompañados y motivados a seguir construyendo el Reino de Dios desde nuestras pequeñas acciones diarias. También queremos expresar un agradecimiento muy especial al mayordomo del Espíritu Santo por todo el apoyo brindado durante la vigilia.
Gracias por los alimentos, por las atenciones y por cada gesto de generosidad hacia nosotros. Sabemos que todo fue ofrecido con cariño y esperamos que Dios multiplique abundantemente cada esfuerzo realizado. Finalmente, después de vivir esta experiencia llena de emociones, oración y fraternidad, llegó también el momento de descansar y participar juntos en la Santa Misa, presidida por el Padre Joseph, a quien agradecemos sinceramente por su apoyo, confianza y cálido recibimiento en la parroquia.

Sin duda, esta Vigilia de Pentecostés 2026 quedará grabada en nuestros corazones como una experiencia de fe, servicio y amor. Esperamos en Dios que las próximas actividades continúen motivando a más jóvenes a acercarse a Cristo y a descubrir la alegría de servir. Queremos seguir contagiando ese entusiasmo, esa esperanza y esa “revolución del amor” que caracteriza al carisma asuncionista. Porque al final, más allá del cansancio, las dificultades y los retos, todo vale la pena cuando se trabaja para Dios y para los jóvenes. ¡Gracias por tod
Por Alan Guillermo Lara Díaz Miembro de FRAS



















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