Arusha, una experiencia que ensancha el corazón
- Sébastien Bangandu
- hace 2 días
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Hay viajes que no son simples desplazamientos geográficos. Algunos se convierten en etapas decisivas de un itinerario interior, comunitario y misionero. Mi estancia en Arusha, en Tanzania, fue uno de esos momentos que marcan la vida.
Por invitación del Padre General de los Agustinos de la Asunción, el padre Ngoa Ya Tshihemba, A.A., tuve la alegría de participar, del 23 de junio al 3 de julio de 2026, en una sesión internacional dedicada a la relectura de nuestra experiencia misionera asuncionista. Éramos dieciséis religiosos procedentes de diversos países donde los Agustinos de la Asunción estamos presentes. La diversidad de nuestras lenguas, culturas y trayectorias era, por sí misma, una hermosa imagen de la universalidad de nuestra vocación.

Revisar nuestra experiencia para abrir nuevos caminos
La sesión había sido preparada con esmero. Cada uno recibió un cuestionario enviado por el padre Vincent Leclerc, A.A., que nos permitió repasar nuestro recorrido personal: nuestras alegrías, dificultades, aprendizajes y los frutos de nuestro compromiso misionero.

La primera parte del encuentro estuvo dedicada a compartir fraternalmente nuestras experiencias. Estos testimonios nos ayudaron a descubrir la riqueza y variedad de la presencia asuncionista en el mundo. Más allá de los contextos culturales y pastorales, reconocimos una misma pasión: compartir la alegría del Evangelio.

La segunda parte nos invitó a reflexionar sobre las estrategias necesarias para fortalecer nuestra misión. No se trataba solo de mirar el pasado, sino de discernir juntos las orientaciones para el futuro.
Esta reflexión nos llevó a reafirmar una convicción fundamental: la misión no es una actividad más; es parte de nuestra identidad y razón de ser. Releer nuestra experiencia es renovar la audacia, la creatividad y la disponibilidad para ir adonde el Evangelio nos llama.
El ritmo de la sesión alternaba entre trabajo en grupos pequeños, plenarias, presentaciones y revisión de textos. Todo ello favorecía la participación y la colaboración de cada hermano.

Y, por supuesto, estaba la mesa. Las comidas eran abundantes y deliciosas. Para la ocasión, incluso sacrificaron una vaca: una manera muy tanzana —y profundamente fraterna— de hacernos sentir en casa.
Una fraternidad asuncionista que rebasa fronteras
En medio de la sesión recibimos la visita de las Hermanas Oblatas de la Asunción, reunidas también en Arusha para una sesión internacional de formación. Este encuentro entre religiosos y religiosas de la gran familia de la Asunción fue un momento especialmente alegre. La hermana Marilyn Nganzali, OA, nos regaló una excelente conferencia sobre la formación.

Su intervención nos recordó que toda misión auténtica necesita una formación sólida y continua, capaz de ayudar a las personas consagradas a profundizar su vocación, discernir los llamados de Dios y responder a los desafíos de nuestro mundo. Estos momentos compartidos dieron a nuestro encuentro una dimensión aún más fraternal y eclesial.

La belleza de una liturgia teñida de universalidad
El ambiente general de la sesión fue profundamente fraterno. Las celebraciones litúrgicas contribuyeron mucho a ello. Vivimos eucaristías hermosas, llenas de oración y de una alegría serena, animadas en inglés, francés y español. Lejos de ser un obstáculo, esta diversidad lingüística fue un signo concreto de una Iglesia y una Asunción que se extienden más allá de las fronteras.

Orar juntos nos recordó que pertenecemos a una misma familia y que la misión nos une más allá de nuestras diferencias culturales.
Descubriendo la riqueza de la fauna tanzana
No todo fue trabajo. Una excursión al Parque Nacional de Ngorongoro nos permitió maravillarnos ante la riqueza de la fauna silvestre de Tanzania. Leones, elefantes, búfalos, cebras y muchos otros animales nos ofrecieron un espectáculo impresionante de la belleza de la creación.

Fue también un momento de descanso y convivencia. Después de días intensos, pudimos reír, conversar y disfrutar juntos de ese entorno natural extraordinario.
Una inmersión en la vida asuncionista de Arusha
Visitamos el noviciado Kizito House, a pocos minutos de Austin House, donde celebramos la misa de clausura. El padre Dieusé Kaghoma, A.A., maestro de novicios, y el equipo de formación nos recibieron con gran calidez.

Tras una eucaristía muy animada, presidida por el padre Bernard Odhiambo, A.A., viceprovincial de África Oriental, compartimos una excelente comida. Los novicios añadieron su toque especial con cantos y bailes llenos de entusiasmo: una expresión hermosa de la juventud asuncionista llamada a tomar el relevo de la misión.
En contacto con una pastoral viva y fecunda
Dos visitas a la parroquia asuncionista de Kijenge nos permitieron conocer más de cerca la labor apostólica de nuestros hermanos. Participamos en la misa de primera comunión de casi doscientos niños, un momento profundamente conmovedor, y en la celebración de la fiesta patronal por los cincuenta años de la parroquia.

También visitamos a las Hermanas Oblatas, a las Orantes y a las Religiosas de la Asunción, descubriendo la riqueza de la presencia de toda la familia asuncionista en Tanzania y la inmensa labor que realizan.

Regresar al lugar donde todo comenzó
Para mí, este viaje tuvo también una dimensión personal muy profunda. Volver a Arusha era regresar a un lugar clave de mi historia misionera. Fue en Tanzania donde viví mi primera experiencia como hermano, luego como diácono y finalmente como sacerdote. Volver después de veinte años despertó muchos recuerdos y una gratitud inmensa.

Tuve además la alegría de reencontrarme con mi familia adoptiva, la que me acompañó el día de mi ordenación diaconal. El reencuentro fue muy emotivo: compartimos momentos sencillos, evocamos recuerdos y constatamos que el tiempo y la distancia no borran los lazos verdaderamente fraternos.

Una experiencia que abre al futuro
Esta sesión me recordó que la misión nunca se reduce a un lugar o a una actividad. Es una forma de ser, una disponibilidad interior, una pasión por el Evangelio y por las personas a quienes Dios nos envía. Se alimenta de la reflexión, del intercambio fraterno y del discernimiento comunitario.
La convicción se renueva: la Asunción es misionera. Lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana. Arusha nos permitió mirar el camino recorrido, pero sobre todo abrir la mirada hacia el futuro. Por eso regresé a México con un corazón lleno de gratitud.

Gracias por esta experiencia de fraternidad internacional. Gracias al Padre General por su invitación. Gracias a los padres Vincent Leclerc, Étienne Ratalata y João Gómes Da Silva por la preparación y acompañamiento. Gracias a los organizadores por la calidad de la sesión. Gracias a los hermanos que vinieron de distintos países por la riqueza de sus testimonios y su fraternidad.
Gracias también a las comunidades asuncionistas de Arusha: Austin House, Kizito House, la parroquia de Kijenge y toda la familia de la Asunción presente en Tanzania por su acogida fraterna.
Y gracias, finalmente, a Arusha, que una vez más me abrió sus brazos y me permitió reencontrarme con una parte esencial de mi historia misionera.
P. Sébastien Bangandu Mwanza, A.A.






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